dilluns, 24 de maig de 2010

Alumnos que saben más que el profe

 10.05.10 A. VILLACORTA . OVIEDO
Las familias de menores con altas capacidades critican que «muchos docentes no hacen la adaptación curricular que marca la ley» En Asturias hay 184 estudiantes superdotados reconocidos y muchos más sin diagnosticar

-«¿Por qué internet potencia tanto el ridículo ajeno?»

Disparada así, a bocajarro, la pregunta puede descolocar al más pintado. Y, si resulta que el que la formula es un mocoso de once años con un cociente intelectual muchos puntos por encima de la media, que anda por el C. I. 100, el desconcierto se multiplica.

A ésta y otras muchas así de peliagudas tuvo que enfrentarse la semana pasada durante dos horas Óscar Sanjuán, subdirector de Infraestructuras de la Escuela de Ingeniería Informática de Oviedo y encargado de impartirl a un grupo de niños superdotados un curso sobre 'Informática Extrema', ocho talleres interactivos con los que se pretende «acercarles a la tecnología». Quizá «abrir las puertas de la informática» para el próximo Bill Gates.

Es una de las claves de los niños superdotados: las preguntas. Muchas. Muchísimas. Sin respiro. «Son como esponjas, sacos sin fondo de conocimiento», cuenta Paloma de Castro, madre de una adolescente superdotada y presidenta de la Asociación de Padres de Alumnos de Altas Capacidades (Apadac), que agrupa a más de 300 familias asturianas con hijos entre los cuatro y los dieciséis años, aunque la Consejería de Educación sólo reconocido a 123 alumnos en las aulas asturianas (73 en Primaria y 43 en Secundaria) mediante un test que les realiza cuando tienen cinco años. Y, a partir de septiembre, serán 184.

Apadac y la Universidad de Oviedo acaban de firmar un convenio para estimular las cualidades de estos pequeños. Y, además de talleres de enriquecimiento cognitivo como el de esta semana, podrán contar con un mentor personal a partir de los diez años. Profesores como Óscar Sanjuán, que tratarán de guiarlos para que den el máximo de sí en campos como las Matemáticas o la Informática, por los que muestran un especial interés.

«Siempre te sorprenden. Si los oyes hablar, parecen adultos, y hacen preguntas incluso complicadas para alumnos universitarios, pero no dejan de ser niños y se comportan como tales», explica Sanjuán, que salió airoso de la experiencia de enfrentarse con genios en potencia con una paciencia infinita.

«El problema es que no suele ocurrir los mismo en los centros educativos», asegura María Jesús Vega, madre de Darío (nombre ficticio), un «gran aficionado a la mineralogía» a sus nueve años. Porque reconoce que su hijo «es capaz de volverte loco a preguntas».

Cuenta además que «en clase molesta mucho, que está todo el tiempo con la mano levantada», y que «eso a los profesores no les gusta porque implica más trabajo», por lo que «suele producirse un enfrentamiento entre familias y docentes». Ella, como muchos padres y madres de superdotados, lleva «años peleando» con el centro educativo en el que está matriculado Darío. Se lo ha tomado «como una cuestión de amor propio, porque la ley queda muy bonita en el papel, pero luego no se cumple: Dice que debe hacer una atención adecuada a la diversidad, pero, cuando les pido una adaptación curricular para mi hijo, me dicen que la haga yo. Y eso no es una respuesta».

1 comentari:

  1. Mª Gràcia Falgueras13 de maig de 2010 a les 11:36

    Bueno, quizá va siendo hora de tratar a los niños como adultos, pensar que tienen inteligencia propia y que tienen que cometer errores para aprender . A mis alumnos de 1º de primaria ya les digo que yo me equivoco, o ¿acaso creen que soy Miss Perfecta ? Los padres y maestros que con toda la buena fe "protegen tanto y enseñan todo" a los niños les hacen un flaco favor. No subestimes nunca la capacidad de un niño :cuando le tratas como un adulto le responsabilizas de sus actos, le pides que piense por qué esto o lo otro...le estás ayundando a comportarse como un ser inteligente.
    En niños con altas capacidades es todavía más importante que sus maestros tomen esta actitud y ayuden a estos niños a ser felices, no perder su inmensa curiosidad y desarrollarse al máximo como personas. El problema es que muchos maestros no tienen tiempo ni herramientas para estos enfoques "tan distintos", ¿quizá con querer dejar de ser "el maestro instructor" se solucionarían bastantes problemas?

    ResponElimina