dilluns, 28 de febrer de 2011

EL VALOR DEL JUEGO‘El juego del golf es como la vida, no importa si caes en un obstáculo,lo que importa es saber salir’.

Jugar es hacer algo por la satisfacción de hacerlo. Los juegos no pueden definirse como lo opuesto al trabajo, pues podemos vivir también un placer lúdico mientras realizamos una tarea útil o remunerada. Realmente, el juego no algo definible de forma externa, por el contrario, es una disposición interna que implica sentir lo que haces como:

1. Placentero (disfrutas).

2. Satisfactorio de por sí (carece de finalidad extrínseca).

3. Absorbente (te concentra totalmente).

POR QUÉ NOS GUSTA EL JUEGO?

Nuestra experiencia se sitúa en un continuo que va entre dos polos: el vacío de estímulos, uniforme y aburrido, y el abarrotado de estímulos, caótico y causante de ansiedad.Y es en la zona media de este continuo donde las personas nos sentimos más cómodas, más eficaces, donde se desarrolla el juego.

El juego se salta el control mental ordinario. En él, las consecuencias no tendrán repercusión real y, por este motivo, es un espacio de placer y seguridad, donde es posible experimentar con las emociones auténticas y aprender.

Todas las personas creativas conocen la sensación de que algo se hace por sí solo (el pincel se desplaza mágicamente, la canción sale por sí misma, etc.). Los niños viven de cerca esta sensación de expectación y recepción en la que se crea, paradójicamente, la realidad más propia. Los chinos poseen la palabra TZU JAN para denotar este concepto de las cosas y el mundo como algo que sucede en sí mismo y por naturaleza. Es un concepto feliz y creativo, intrínseco a la actitud de juego.

El juego, además de vivirse como algo útil y gozoso en sí mismo, nos sirve para desarrollar nuestra Inteligencia Emocional en tres sentidos:

1. Te mantiene en contacto con tu físico. Como todos los animales, tenemos la necesidad de jugar.

2. Te proporciona una situación segura para ensayar tus emociones. El juego es una franja de entrenamiento para cualquier área de nuestra vida. Cuando somos pequeños, jugamos para poder aprender el difícil arte de vivir: cómo llevar a cabo el rol de adulto, cómo enfrentarse a situaciones atemorizantes, etc. Es, necesariamente, en un marco de juego donde aprendemos nuestras futuras actitudes adultas. Como adultos, el juego nos ofrece la oportunidad de continuar ensayando actitudes y analizando sus consecuencias sin riesgo real.

3. Te aleja de las emociones negativas con las que vives. El juego nos aparta de las preocupaciones conscientes. Al jugar redefinimos qué partes de la realidad son importantes para nosotros. Esto es debido a la parte absorbente del juego. (Es imposible estar intentando devolver una volea y estar a la vez preocupándote por tus cifras de ventas). Nos permite dejar de tomarnos demasiado en serio a nosotros mismos tan a la tremenda, tan en serio, durante un rato.

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