La educación holística nos enseña a mirar, ubicarnos y relacionarnos adecuadamente con los sistemas humanos que nos rodean y con aquellos a los que pertenecemos; ya sean escolares, familiares, sociales u organizacionales.
A través de diferentes técnicas ,nos permite apreciar el funcionamiento de nuestra realidad, descubrir cómo sus integrantes se relacionan entre sí, el orden existente, y si cada cual ocupa el lugar que le corresponde dentro de ellos. Todo ello a fin de reestablecer el equilibrio dentro de los mismos y poder así acceder a las fuentes de la fuerza que dichos sistemas albergan para cada uno de sus miembros (Pastor, 2006).
“ Es la interrelación del proceso de trabajo personal de los maestros, el trabajo con los alumnos y la contextualización dentro de los órdenes del amor de ciertos contenidos curriculares a nivel educativo, junto con la necesaria inclusión de los padres de alumnos dentro del proceso de educación” (Olvera ,2004).
Según el Paradigma cuántico “El observador modifica la realidad”. Partiendo de ahí podemos transformar el pasado y el futuro cambiando nuestra mirada.
¿Cómo hacerlo?, entre otros medios, a través de la transformación de nuestras imágenes internas y de nuestras actitudes ante lo que fue y lo que será y tomando fuerza para reconocer lo que es. En esta dirección son de gran ayuda los movimientos sistémicos como técnica que nos permite ver y experimentar espacialmente, a través de representantes humanos o de objetos, la imagen de cada acontecimiento que subyace en el fondo de nuestra alma como individuos y como miembros de un sistema. Imagen que determina nuestra memoria, nuestra manera de mirar la realidad, las actitudes que adoptamos ante ella y las expectativas que generamos ante el futuro y que contribuyen a la construcción del mismo.
LA IMPORTANCIA DEL ORDEN Y LA PERTENENCIA PARA PODER EDUCAR
- Si estamos en paz y hemos asentido a nuestras historias tal y como son sin vivir reprochando o anhelando que hubieran sido diferentes.
- Si respetamos los procesos tal y como fueron y podemos ordenar cada etapa de los mismos dignificándolas, aunque fueran duras o dolorosas, reconociendo que forman parte y que tuvieron un sentido.
- Si hemos agradecido y honrado a todos aquellos que formaron parte relevante de nuestra historia familiar y académica y sin los cuales nosotros no seríamos como somos ni estaríamos donde estamos.
- Si podemos incluir y dar un lugar en nuestro corazón a los que teníamos excluidos por vergüenza, rencores, temores o ignorancia.
- Si somos capaces de ver todo lo que hubo más que todo lo que faltó y lo que pudo ser más que lo que no fue posible.
- Si podemos considerarnos como miembros de la cadena transgeneracional: Pertenecientes a nuestra generación, procedentes de la generaciones anteriores y con influencia en las posteriores.
- Y básicamente si hemos asumido que “pertenecemos “y “estamos vinculados”. Que formamos parte de algo más grande que nosotros y que estamos ligados por profundos lazos de amor y de lealtad a nuestros sistemas, en especial al de la familia de origen ( Pastor, 2003).

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